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El hombre y su vicio

Antonio contemplaba con sutil admiración la magnificencia de la mujer desconocida que tenía enfrente y que brindaba este espectáculo mientras compartía y expresaba su razonamiento a extraños individuos, ella se veía iluminada por la tenue luz del sol entre las nubes, que no hacía más que resplandecer su ya indómita presencia y volver sombras irrelevantes a cualquier persona u objeto cercano. Esta no era el primer momento en que Antonio se perdía en su esplendor, ya se había embelesado una vez, cuando la vio en un campo de rosas rojas en un pequeño vestido del color de la luna mientras se rodeaba de fragancias con vehemente ternura, dentro de este recuerdo juraría haberla visto desvanecerse entre los rojos pétalos por un momento… el mismo que entretuvo su somnolienta mirada para tomar un cigarro y ponerlo en sus labios, cuando se disponía a encenderlo pudo ver entre la roja llama como la mujer que ocupaba su mente se acercaba silenciosamente a él, para girar bruscamente hacía la derecha no sin antes propinarle una mirada tan  indescriptible como solo una mujer puede lograr, con un gesto de asentimiento metió su cigarrera a su chaqueta y dando una bocanada de humo se dispuso a seguir el camino a su lado.

-¿Por qué siempre juegas al desconocido cuando me esperas?- dijo Fernanda
- Por qué cada día contigo requiere a un hombre distinto al común- contestó Antonio sin gesticular.
- Ah, Entonces ¿Quién es el hombre al que conocí en el campo de rosas?-  dijo Fernanda con juguetona expresión.
Sonriendo Antonio contestó:
-Aquel a quien vuelves tan loco como para tener que crearse una nueva personalidad cada día.

Ambos siguieron su camino hacia el parque en donde tomaron caminos distintos después de pasar horas inmersos en esa vorágine que solo quienes han conocido el amor han experimentado, en la cual dos almas colisionan su curso hacia la inmensidad para regalarle a la vida una estela mas de luz que envuelve su ya incierto destino.
Se conocieron en esos intercambios sociales que se dan por inercia en las reuniones humanas, y con pequeñas demostraciones de afecto y la poca claridad de palabra necesaria se hicieron conocidos, nada fuera de lo común, nada diferente… hasta ese día, que por alguna coincidencia impredecible del destino se encontraron en un plantío de rosas, lugar cercano al que Antonio frecuentaba para relajarse y poner en orden sus pensamientos, en este lugar pudo verla de manera diferente, tan real, tan formidablemente fuera de lo impersonal y la falsa desconfianza que suele rodear los primeros contactos de las reuniones sociales, solo estaba ella emanando belleza y haciéndose contemplar a plenitud por lo sentidos de todo ser humano capaz de distinguir lo estético y perfecto de la proporción femenina; en ese momento Antonio se decidió a hablarle, a conocerla realmente, a descifrar el indiscutible misterio que cada mujer representa y a
tratar de definir el inexplicable esplendor despedía el contorno de su labios. Desde este punto todo se dio por mecanismos naturales pero poco convencionales por los que ambos desaparecieron del escenario estoico de las relaciones vacías para establecerse en el imponente limbo de la constante dicha de la feliz reciprocidad.

En sus tiempos más solitarios, Antonio solo podía pensar y explorar su recuerdos, estaba consciente de que toda su vida solo había planeado el cómo apartarse de los sentimientos intermitentes que llegan a doblegar el espíritu, ya que desde el día en el que tuvo una real consciencia de razón, y si bien no había estado inmiscuido en problemas de tipo familiar o existencial, nunca estuvo conforme con el tener que seguir patrones, ser un buen hijo, seguir una religión, elegir una vida comunitaria y conforme, es lo que Antonio tuvo que soportar, pero siempre resguardándose en su lectura y en las ideas que esta originaba, por lo que creció con arraigadas ideas, sobre todo concepto que pudiera afectar a su vida, sobre el falso merito al destino, la acumulación de errores y tristezas vistos de ángulos erróneos y negativos, claro sin faltar el amor, que para él y aun dudando de su existencia, no es algo terreno ni mucho menos común, es ciertamente una implosión que deforma los espectrales y débiles lazos humanos para crear una aleación de esencias, tan larga y profunda que toca hasta la última fibra de insensibilidad del hombre, a ese nivel de intensidad pensaba y sentía, estas tardadas reflexiones que ocupaban su pensamiento lo llevaron a crearse una fuerte necesidad por los cigarros, los cuales le servían para tranquilizar a su mente y retener su alma palpitante, así como se creaba un fuerte estado de meditación, justamente uno de estos fue interrumpido por una mensaje, era Fernanda diciendo que tenían que verse, que tenían que hablar, siempre se tiene que hablar pensó al leerlo.
Antonio tomo sus cigarros, salió de su casa y se dirigió hacia la casa de Fernanda, ella lo estaba esperando sentada en la entrada de su casa, en la cual concibieron su primera muestra de afecto, la saludo con un beso aislado y tomo asiento a su lado.

-Hola ¿qué es eso de lo que querías hablarme?-.
En ese momento la mirada de Fernanda dijo más que mil palabras, se podía notar cierto arrepentimiento, y hasta se notaba algún dejo de aversión

-Es esto que me ha traído loca desde hace meses, esta admiración tuya, me es muy agradable pero pienso que realmente no lleva a nada, solo sombras de verdadero cariño por ti-

-Entonces ¿nunca has sido sincera al expresarte?-.

- Si lo he sido, y por momentos juro que te he amado, pero es esta impotencia de que no me basta la mirada de absolución que desprendes hacia mí, esto me parece tan llano, tan brumoso, tan lleno de baches, tan vacio-.

Con su tranquilidad habitual pero el corazón destrozado Antonio respondió un tanto decepcionado:
-Creo que eres sincera siempre lo he visto como un atributo en ti, y con la misma sinceridad puedo decir que no estoy seguro de lo que se establece tu argumento, nunca he dejado ningún resquicio cuando te veo, cuando te beso  ha sido siempre totalmente verdadero y real-.

-Es exactamente eso a lo que me refiero idealizas y exaltas todo a tu gusto, tal vez nunca llegaste a conocerme realmente, yo no estoy conforme con ser un concepto para ti-.
-Solo porque no me expreso como cualquier otro hombre, solo porque no te soy indiferente por momentos, ¿crees que eres para mí solamente la manifestación de mi solitaria imaginación?, no lo eres, realmente he sentido una conexión contigo y estaba seguro de que era reciproco-.

-Lo siento, fuiste realmente una gran experiencia en mi vida, pero ya no puedo estar con alguien tan alejado de la realidad, yo también llegue a sentirme conectada contigo, pero a lo largo del tiempo esta se fue desgastando hasta el punto de estar a un tirón de romperse, lo cual estoy haciendo ahora-.
-Bueno, creo que realmente estas decidida a terminar con esto-.

-Así es, no puedo seguir con una farsa, solo crearíamos tibias ilusiones de felicidad, y no quiero eso para ninguno de los dos-.

Entonces Fernanda se levantó, lo tomó de los hombros y le dió un último beso,  tan largo y profundo que sobrepasó los límites de la realidad, todo se tornó entonces azul, no había más, sólo ella por un momento… antes de darse media vuelta y desaparecer detrás la puerta de su hogar para nunca volver… resignado y con la cabeza baja, Antonio se dispuso a volver a su casa, seguro de que esta vez ella realmente se había desvanecido.
 

 

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